Una escena romántica a casi 200 metros de altura volvió a colocar a la Torre Colpatria en el centro de la conversación pública. Lo que comenzó como una sorpresa personal se convirtió en contenido viral: un influencer bogotano alquiló el helipuerto del edificio para organizar un picnic y sorprender a su pareja. El momento fue grabado y difundido en las redes sociales, generando admiración y cuestionamientos.
En el vídeo se ve una mesa puesta con detalles románticos y la gran ciudad de fondo. Las tomas aéreas, capturadas por un dron, realzaron la estética cinematográfica del plan. En cuestión de horas, el clip recibió miles de visitas y reacciones que iban desde el entusiasmo hasta la incredulidad.
Mientras algunos usuarios celebraron la creatividad del evento, otros centraron la discusión en aspectos prácticos: cómo se obtuvo el permiso, si el espacio se puede alquilar libremente y cuánto cuesta acceder a un área tradicionalmente utilizada para operaciones aéreas. La conversación ya no giró únicamente en torno al gesto romántico, sino que pasó al ámbito de la regulación y uso de espacios emblemáticos.
¿Es posible acceder al helipuerto?
Luego de que se viralizó, surgió la pregunta: ¿alguien puede llegar al helipuerto?
De acuerdo con información distribuida a través de los canales oficiales del mirador del edificio, el acceso forma parte de experiencias adicionales a disposición de los visitantes. El ingreso al helipuerto cuesta casi 40.000 pesos, lo que se suma al valor de la entrada al mirador, cuyo precio para nacionales suele oscilar entre 23.000 y 25.000 pesos dependiendo de la franja horaria.
La experiencia incluye una estancia de unos diez minutos, además de realizar una fotografía y un vídeo en formato 360°. No se trata por tanto de un alquiler exclusivo del espacio por horas, sino de una franja controlada dentro de la oferta turística existente.
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Estos detalles aclararon algunas de las especulaciones que circulaban en las redes, y algunos asumían que el acceso implicaba un permiso especial o una inusual negociación privada.
Entre bastidores: cómo se ‘resolvió’ la cita
El creador de contenido, más conocido como Pugliato, explicó en sus propias redes que la clave fue gestionar la experiencia como cualquier visitante, pero sumando producción: ambientación, preedición y grabación audiovisual.
El helipuerto -normalmente destinado a aterrizajes- ahora forma parte de las experiencias que pueden disfrutar los visitantes. En ese contexto, el picnic no fue una disrupción clandestina, sino más bien una activación organizada dentro de la oferta disponible.
Un icono que se reinventa
Inaugurada a finales de los años 1970, la Torre Colpatria tiene 196 metros de altura y alberga un mirador en el piso 48 que se ha consolidado como un punto turístico en el centro de Bogotá. En los últimos años, el edificio ha ampliado su oferta con experiencias encaminadas a crear memorias audiovisuales.
Mientras algunos elogian la creatividad del plan, otros cuestionan el alcance y los protocolos de este tipo de actividades en espacios tradicionalmente destinados a funciones técnicas. Lo cierto es que el video logró generar humor, admiración y un amplio debate en redes.












