Lo que para millones de espectadores fue sólo un detalle de una puesta en escena monumental se convirtió hoy en objeto de deseo –y debate– en Internet. Uno de los trajes usados durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, en el que Bad Bunny encabezó una actuación histórica, se puso a la venta por 5.000 dólares.
La pieza corresponde al vestuario que simulaba un arbusto de caña de azúcar y que integraba la escenografía del espectáculo. Si bien muchos de estos personajes permanecieron inmóviles en la pantalla, su función fue fundamental en la construcción del paisaje visual que acompañó la narrativa artística del cantante puertorriqueño.
¿Qué contiene el traje?
Según el listado en línea, el conjunto se ofrece en talla mediana y en “excelentes” condiciones. El set incluye pasamontañas, arnés para hombros, sudadera verde, guantes y extensiones recubiertas de césped artificial que moldeaban el efecto vegetal. También se incluyen accesorios utilizados durante los ensayos, como una radio con auriculares y una bolsa conmemorativa que se entrega al equipo tras la presentación.
El precio declarado –5.000 dólares, más de 18 millones de pesos colombianos al tipo de cambio actual– ha generado reacciones encontradas: mientras algunos fanáticos lo ven como una reliquia de un evento cultural sin precedentes, otros cuestionan el valor económico asignado a un accesorio.
Más que paisaje: un símbolo cultural
Lejos de ser un recurso decorativo aleatorio, los ‘arbustos’ correspondían a un concepto cuidadosamente diseñado. Esto dicen miembros del equipo artístico consultados por la revista Modala elección de la caña de azúcar fue consciente y ligada a la historia social y económica de Puerto Rico.
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La caña de azúcar representa uno de los cultivos más influyentes en la isla, vinculado tanto al desarrollo productivo como a períodos de explotación laboral durante los períodos coloniales. En esta lectura, los artistas que encarnaron los campos funcionaron como una metáfora visual dentro del homenaje cultural que marcó la muestra.
Un montaje a gran escala
El espectáculo reunió a más de 300 bailarines e intérpretes, seleccionados en función de criterios físicos y técnicos específicos. Según medios internacionales, quienes interpretaban a los llamados ‘Grass Bunnies’ debían cumplir requisitos de altura, resistencia física -capaces de cargar entre 13 y 18 kilos- y experiencia en entrenamientos escénicos.
El traje no sólo era pesado, sino que también limitaba la visibilidad, lo que requería disciplina y precisión coreográfica. La instrucción más importante fue clara: no distraerse del mensaje central. Permanecer casi en silencio era parte del guión.
La presentación fue también una de las más vistas en la historia reciente del evento deportivo, con una audiencia estimada de 135 millones de personas en todo el mundo y una puesta en escena mayoritariamente en español, algo inusual para el espectáculo de entretiempo.
De escena mundial a pieza de colección
A medida que la oferta continúa circulando y reuniendo comentarios en las redes, el debate va más allá del precio. Para algunos es una pieza histórica digna de coleccionar; Para otros, es un ejemplo de los excesos de la cultura pop contemporánea. Lo cierto es que para quienes estaban dispuestos a pagar miles de dólares, ese “arbusto” dejó de ser un simple disfraz y se convirtió en un fragmento tangible de un espectáculo que marcó una conversación global.












