La política y el derecho a veces se encuentran en una intersección oscura donde la memoria es corta y el descaro es infinito. La reciente fotografía de Abelardo de la Espriella junto a María Corina Machado no es solo un desplante a la coherencia; es un monumento al cinismo que merece ser diseccionado.
Ver al mediático abogado posar como un «aliado de la libertad» resulta, cuando menos, indigesto. Para nadie es un secreto que De la Espriella no solo es un hombre de flashes, sino el mismo que puso su firma y su firma legal al servicio de Alex Saab, señalado como el mayor testaferro de Nicolás Maduro.
No podemos permitir que el brillo de una foto opaque los hechos. Mientras el pueblo venezolano se hundía en la crisis humanitaria más profunda de su historia, De la Espriella facturaba cifras astronómicas para defender los intereses de quien movía los hilos financieros del régimen.
El negocio sobre la tragedia: Mientras recibía honorarios que, según diversas fuentes, alcanzaron los 12 millones de dólares por parte de Saab, a De la Espriella no pareció importarle el hambre de la gente que el sistema de su cliente ayudaba a sostener.
Indiferencia selectiva: Aquel dinero provenía directamente de las entrañas de un sistema que ha expulsado a millones de venezolanos de su tierra. En ese momento, el dolor de Venezuela no era prioridad; el contrato sí lo era.
El cambio de piel: Hoy, con la figura de María Corina Machado convertida en el símbolo máximo de resistencia, el abogado busca mimetizarse en la foto ganadora, intentando borrar con un «post» su pasado como defensor del hombre de confianza de Maduro.
¿Aliado o parásito de popularidad?
Es legítimo cuestionar: ¿Le importa a De la Espriella la libertad de Venezuela o simplemente busca el calor de una figura que hoy representa la reserva moral del continente?
Llamarlo «cara dura» es poco. Es un ejercicio de oportunismo puro. Defender a Alex Saab no fue una obligación ética de oficio, fue una decisión de negocios basada en el lucro. Que ahora pretenda aprovechar el arrastre de Machado es un insulto a las víctimas de la dictadura.
«No se puede servir a dos señores: o se está con el verdugo que saquea a un país, o se está con la líder que busca liberarlo. Intentar estar con ambos es, simplemente, carecer de escrúpulos.»
María Corina Machado representa la esperanza de una nación que lo ha perdido todo. Por ello, es inaceptable que personajes que se lucraron defendiendo a los artífices de esa miseria, ahora busquen validar su imagen pública a su lado. De la Espriella no aporta a la causa venezolana; se sirve de ella para lavar un pasado manchado por los dólares de Alex Saab.
La lucha por la democracia exige coherencia, no defensas de ocasión.












