El espejismo de los cinco millones

El espejismo de los cinco millones

La política contemporánea premia la exageración, el impacto visual y el marketing emocional. Abelardo de la Espriella entendió esa lógica mejor que muchos y convirtió la entrega de firmas de su candidatura en una demostración de fuerza cuidadosamente diseñada para impresionar.

Pero el problema de los montajes grandiosos es que dependen demasiado de la apariencia y demasiado poco de la verificación.

La Registraduría desmontó el relato con cifras contundentes: 3.071.747 firmas anuladas. El dato representa no solo un fracaso operativo monumental, sino el peor registro de inconsistencias en la historia electoral colombiana.

Resulta imposible ignorar la contradicción política. Un candidato que predica autoridad, disciplina y control terminó exhibiendo una operación plagada de errores elementales y registros inválidos.

Más allá de las consecuencias jurídicas, el episodio deja una pregunta inevitable: ¿cuánto del supuesto fervor ciudadano era auténtico y cuánto correspondía a una estrategia inflada para fabricar una percepción de popularidad?

La candidatura sobrevivió legalmente. El relato político, en cambio, quedó seriamente herido.

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