Paloma Valencia Laserna, actual senadora del partido Centro Democrático, se ha consolidado como una de las figuras más influyentes dentro de la política colombiana contemporánea. Nació el 15 de julio de 1977 en la ciudad de Popayán, en el departamento del Cauca, y proviene de una familia con una profunda tradición en la vida pública del país. Es nieta del expresidente Guillermo León Valencia, quien dirigió a Colombia entre 1962 y 1966, un legado que marcó su visión sobre la política y el servicio al país.
Desde temprana edad, Valencia estuvo vinculada a los valores del pensamiento conservador y a la idea de contribuir al desarrollo institucional de Colombia. Su formación académica refleja ese compromiso. Es abogada de la Universidad de los Andes y ha complementado su educación con estudios en derecho internacional y resolución de conflictos en reconocidas universidades como Harvard y Columbia, instituciones que fortalecieron su visión sobre el derecho, la política y la gobernanza global.
Antes de iniciar su carrera política formal, Valencia desarrolló una trayectoria profesional enfocada en el servicio público y el análisis de políticas públicas. Trabajó como asesora jurídica en diferentes entidades estatales y organizaciones no gubernamentales, donde abordó temas relacionados con los derechos humanos, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo del sector rural.
Su llegada al Senado de la República en 2014 marcó un punto clave en su carrera. Desde entonces, se ha destacado por asumir posiciones firmes frente a asuntos centrales para el país, como la seguridad nacional, la estabilidad económica y la lucha contra la corrupción. Dentro del Congreso, se ha caracterizado por promover iniciativas orientadas al fortalecimiento institucional y a la defensa de principios que considera fundamentales para el desarrollo del país.
Valencia ha sido además una figura cercana al expresidente Álvaro Uribe Vélez, a quien reconoce como una influencia importante en su formación política. En ese sentido, su agenda legislativa ha estado alineada con varias de las ideas que han caracterizado al uribismo, entre ellas el fortalecimiento de la Fuerza Pública, la lucha contra el narcotráfico y la defensa de la propiedad privada como base del crecimiento económico.
Más allá de su actividad política, Paloma Valencia también es reconocida por su vida personal y su rol dentro de su familia. Quienes la conocen destacan su capacidad para equilibrar su vida familiar con sus responsabilidades públicas. En distintos escenarios ha resaltado la importancia de mantener principios éticos en la política y ha sido crítica de prácticas que, según ella, han debilitado la confianza de los ciudadanos en las instituciones.
Su postura frente al clientelismo y al oportunismo político ha sido uno de los rasgos que la distinguen dentro del debate público. Valencia ha insistido en la necesidad de mantener coherencia ideológica y transparencia en el ejercicio de la política, incluso cuando esas posiciones puedan generar controversia en determinados sectores.
En el escenario político actual, marcado por la proximidad de las elecciones presidenciales programadas para mayo de 2026, su figura ha adquirido aún mayor relevancia. Valencia se consolidó como una de las principales aspirantes a la presidencia tras obtener la victoria en la consulta interpartidista de la coalición de centroderecha conocida como “Gran Consulta por Colombia”, realizada el 8 de marzo de 2026.
En esa jornada electoral logró reunir más de tres millones de votos, un resultado que evidenció su capacidad para movilizar a un amplio sector del electorado en un país caracterizado por fuertes divisiones políticas. Su triunfo dentro de la coalición la posiciona como una de las líderes de la centroderecha con mayores posibilidades de disputar la presidencia.
Entre las propuestas que ha planteado en su proyecto político se encuentran medidas orientadas a promover la inversión mediante la reducción de impuestos, estrategias integrales para combatir los cultivos ilícitos y políticas enfocadas en fortalecer sectores clave como la educación y la salud. Según su visión, estos elementos son fundamentales para impulsar el crecimiento económico y mejorar la calidad de vida de los colombianos.
Como ocurre con muchos líderes políticos, sus posturas han generado tanto apoyo como críticas. Algunos sectores de izquierda cuestionan su cercanía con el uribismo y su enfoque en materia de seguridad. Sin embargo, sus simpatizantes consideran que su propuesta representa una alternativa que busca estabilidad económica, orden institucional y continuidad en ciertas políticas que han marcado la historia reciente del país.
En caso de llegar a la presidencia, Paloma Valencia podría convertirse en la primera mujer en ocupar este cargo en la historia de Colombia, lo que representaría un hecho significativo para la participación femenina en la política nacional. Su eventual gobierno, según lo que ha planteado hasta ahora, estaría orientado a fortalecer las instituciones democráticas, promover el crecimiento económico y buscar mayor cohesión social.
En un contexto internacional complejo y con múltiples desafíos internos, la presencia de líderes con experiencia política y formación académica sólida se vuelve un factor relevante para muchos ciudadanos. Para quienes respaldan su candidatura, Valencia representa una opción de liderazgo basada en principios, preparación y visión de futuro.
En definitiva, la trayectoria de Paloma Valencia combina tradición política, formación académica y una participación activa en el debate público nacional. Su carrera refleja la influencia de su legado familiar, pero también un esfuerzo propio por consolidarse como una líder dentro del panorama político colombiano. Para muchos de sus seguidores, su proyecto político representa una oportunidad de impulsar cambios que fortalezcan el desarrollo y la estabilidad del país en los años venideros.












