El país llega nuevamente a las urnas dividido, agotado y atrapado entre extremos políticos que convierten cada elección en un combate emocional. La política dejó de ser un espacio de propuestas para transformarse en un escenario de insultos, propaganda y fanatismo.
Las redes sociales amplifican el ruido. Influenciadores, campañas digitales y estrategias de confrontación dominan el debate público mientras millones de ciudadanos observan confundidos una contienda donde cada bando promete salvar al país destruyendo al contrario.
El texto plantea que Colombia atraviesa una crisis profunda de liderazgo y credibilidad institucional. Según el autor, las élites políticas, económicas y mediáticas también tienen responsabilidad en el deterioro de la confianza ciudadana y en la fragmentación democrática actual.
A nivel internacional, el panorama tampoco inspira tranquilidad. Las tensiones entre potencias, los populismos y las nuevas formas de radicalización ideológica han contribuido a un clima global de incertidumbre que también impacta a América Latina.
Dentro de ese contexto, el autor cuestiona duramente al actual modelo político y advierte sobre el riesgo de profundizar tendencias autoritarias y estatistas. Señala además que buena parte del electorado joven se mueve más por emociones virales y narrativas digitales que por análisis racionales.
La conclusión es una invitación a votar de manera consciente y libre, pensando en la defensa de las instituciones democráticas y evitando que el país siga cayendo en una espiral de odio y confrontación permanente.












