Expertos consultados por el colombiano Señalan que una parte importante de los edificios de la ciudad no podían cumplir con los estándares actuales de resistencia a los terremotos, especialmente aquellos construidos antes de que existieran regulaciones obligatorias en el país.
Más del 60% de los edificios fueron construidos antes de 1984
Ricardo León Bonnet Díaz, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Medellín y cofundador del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico, explicó a el colombiano que existe incertidumbre sobre la calidad estructural de muchas viviendas.
«No es que todos los conocimientos ancestrales sobre la autoconstrucción sean malos, pero lamentablemente en estas grandes ciudades lo que se autoconstruye se hace con lo que hay, con recursos económicos; hay economías en el cemento, en la calidad de los materiales; no hay control ni supervisión técnica, no hay planos estructurales ni inspector de estructuras», afirmó.
El experto indicó que más del 60% de las edificaciones en Medellín fueron construidas antes de 1984, cuando Colombia aún no contaba con una norma obligatoria de resistencia a terremotos. Esto significa que es posible que muchas casas y edificios no puedan resistir un terremoto de alta intensidad.
Bonnet añadió que el riesgo es mayor en sectores donde predomina la autoconstrucción.
«Quien construye lo hace con su conocimiento empírico, entonces tenemos un riesgo latente en todo lo que se autoconstruye y no se desarrolla. Ese riesgo es mayor en zonas periféricas donde se han asentado personas desplazadas por la violencia, con pocos recursos económicos y que viven donde pueden y como pueden», anotó.
Explicó además que si bien edificios emblemáticos como el Edificio Coltejer están construidos según estándares internacionales, no existe un inventario que permita saber cuántas propiedades realmente cumplen con condiciones suficientes de resistencia sísmica.
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La vulnerabilidad de las estructuras es decisiva
Diego Peña, geólogo y subdirector de la División Administrativa de Gestión de Riesgo de Desastres (Dagrd), señaló al mismo medio que el impacto de un sismo no depende solo de su magnitud.
“Los daños causados por un sismo dependen no sólo de la magnitud o profundidad del evento, sino sobre todo de la vulnerabilidad de las estructuras expuestas”, explicó.
Por ello, insistió en que las administraciones constructoras y inmobiliarias horizontales deben realizar revisiones periódicas para identificar la necesidad de refuerzos estructurales.
“Es fundamental que las administraciones de edificios de departamentos y complejos residenciales realicen evaluaciones recurrentes, no sólo cuando lo exige la ley, sino como parte de sus procesos internos, debido a la alta densidad de residentes y la necesidad de garantizar evacuaciones seguras y rápidas”, agregó.
Los especialistas también recomiendan conocer las rutas de evacuación, definir puntos de encuentro, contar con un botiquín de primeros auxilios y de emergencia, conservar copias digitales de documentos importantes e incluir a las mascotas en el plan familiar.
Finalmente, Bonnet advirtió que la expansión de la vivienda informal sigue siendo uno de los mayores desafíos que enfrenta la ciudad.
«Hoy tenemos un panorama preocupante y mucha gente vive en viviendas informales o en casas con mampostería o terrazas obsoletas. O, en la mayoría de los casos, que están diseñadas sin normas. No tienen barras de refuerzo, no tienen columnas de hormigón. O sea, no hay columnas, no hay vigas», concluyó.












